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August 16
No pensaba continuarla, me gustó el final de la parte IV, pero para quién quiera leerla, aquí está, la última parte.
La inconsciencia... ese estado que nos aleja del mundo y en cierto modo nos salva. O nos condena... como queramos verlo. Estoy sentado, en un silla de madera simple, lo sé porque hace un rato me levanté a examinarla, no tiene más que el respaldo y cuatro patas, ni adornos ni formas interesantes. Por cierto, si alguien lee esto alguna vez, estos folios los encontré aquí en una mesa... son normales tamaño A4, he escrito aquí todo lo que recuerdo desde que se desplomó la puerta de mi cabaña.
Efectivamente, ya no estoy en la cabaña, me encuentro en una habitación tan simple como la silla: cuatro paredes, grises, suelo de cemento, techo blanco, con manchas de humedad aquí y allá, y un fluorescente que zumba. No hay ventanas, he visto un respiradero con un pequeño ventilador que supongo que renovará un poco el aire, eso espero por lo menos, igualmente tampoco huele a humedad, no huele a nada yo creo.
Por supuesto la habitación tambien tiene una puerta, es una puerta de metálica, parece blindada, de modo que ni he intentado moverla, además no tiene pomo, ni un agarre, ni algo de dónde tirar, supongo que será electrónica. También hay, predeciblemente, otra silla, en el otro extremo de la mesa dónde estoy
escribiendo... alguien vendrá a explicarme algo, o a matarme o simplemente me dejarán aquí. Me he puesto a escribir sencillamente para no volverme loco, estuve hace un rato dando vueltas por la habitación, golpeando las paredes, gritando, intentando salir... lo que suele hacer todo el mundo cuando le encierran.
Hablando un poco de mi estado, habréis descubierto ya que no estoy ciego, tengo toda la cabeza vendada salvo el ojo derecho. La parte izquierda de la cabeza me late al compás del corazón, pero no siento un dolor excesivo, me habrán drogado, aún así no he visto signos de que me hayan inyectado algo, a no ser
que la marca esté en un sitio que yo no pueda ver, siempre te revisas los brazos pero no tiene porque ser ahí... prefiero no pensar en ello.
Ya no soy consciente del tiempo, no se si es de día, o si es de noche, ni cuanto ha pasado, ni cuanto llevo aquí. Lo cierto es que... espera... oigo pasos...
- Es aquí.
Hay un ruido de botones al ser pulsados, bip-bip... bip... bip-bip-bip, se escucha un pesado mecanismo se mueve, y la puerta a la sala C-19 se abre, dentro hay un hombre, tiene la cabeza vendada y está escribiendo frenéticamente en un papel, tiene varios folios escritos a un lado. Ahora ha dejado de escribir y se ha quedado mirando a la figura que hay en el umbral de la puerta.
- Gracias, ya puede irse. -dice el hombre que acaba de entrar en la habitación, la puerta se cierra tras él-.
El escritor sigue mirando, con el bolígrafo en la mano. El hombre que acaba de entrar lleva una túnica negra, pesada al parecer... y un sobre negro en la mano. Se acerca a la mesa en el centro de la sala y toma asiento en la silla que está frente al escritor; éste sigue mirándole, como en trance. La figura de la túnica deja el sobre negro en la mesa. Ahora el escritor deja caer el bolígrafo, mira el sobre un momento, y luego otra vez a la figura... pero no dice nada.
- Hola. ¿Se encuentra mejor? -pregunta el hombre de la túnica-.
El escritor mira hacia los lados, como buscando una salida, no hay nada. No quiere responder a nada, está por volverse loco de verdad, pero no sabe por qué... nada tiene sentido. Al final pregunta.
- ¿Qué... qué es este sitio?, ¿por qué estoy aquí?, y ¿quién... quién es usted? -balbucea al hablar... es que no puede ver el rostro del hombre sentado frente a él, bajo la capucha solo hay oscuridad.
- Jeje, son preguntas normales, parece que aún está bien. Primero, le bastará saber que soy Seth, y no puede ver mi rostro por motivos de seguridad, llevo una máscara como las que se usan en esgrima, ¿las ha visto?, son como rejillas, y hay negras y blancas, están muy bien. -Seth le sonríe pero obviamente
el escritor no puede verlo.
- No ha respondido... lo otro que le he preguntado... ¿por qué estoy aquí?... ¿es de la policía, la guardia forestal?
- ¿De verdad cree que los policías visten así?, ¿o los guardias forestales?, ¿no ha visto el oso Yogui?, jejeje. -La risa sárcastica de Seth retumba en la habitación vacía-. Perdone, es que a veces no lo puedo evitar. Digamos que usted está aquí para ser juzgado, Richard. El escritor se queda pensando un momento, nunca se le dió bien pelear, de modo que estaba nervioso por si tenía que hacerlo en este momento... lo que decía Seth no cuadraba, debería ser una broma o algo
por el estilo, pero unos ladrones o lo que fueran, no le habrían curado las heridas. Aún no entiende porqué está allí.
- Eh... Seth, no me llamo Richard... mi nombre...
- Da igual, -interrumpe Seth-, aquí te llamas Richard.
- Muy bien. -"Richard", ya empezaba a pensar que Seth era un perturbado mental. Pero la situación seguía sin tener sentido-.
- Richard, tengo poco tiempo de modo que iré al grano. -Aquí es cuando saca una pistola y me mata, piensa el escritor-. Tu cabaña fue asaltada por tres personas, llevaban un ariete metálico, no sobreviviste...
El tiempo que el escritor se tomó para asimilar lo que le contó Seth fue bastante largo, unos 5 minutos o así. Imposible, naturalmente, sentía como le latía la cara, podía moverse, sentir... estaba vivo. Aunque al no saber como era la muerte, dudó un poco, no sabía que pasaba al morir, nadie lo sabe. Se supone que cesan las funciones cerebrales, las biológicas, y simplemente dejas de existir como persona. Pero él pensaba, él estaba escribiendo hace un momento, podía romper los folios que había escrito, de modo que no podía haber dejado de existir... ¿o sí?, ¿este era otro mundo?, no demasiado delirante.
- Eso no es cierto Seth, va a decirme la verdad, no pienso seguir este juego estúpido. -Se quedó satisfecho al decir eso... parecía que había desbaratado un poco la fantasía de Seth. Se cruzó de brazos esperando la reacción de éste.
Seth suspiró.
- Muy bien, de todas maneras su reacción fue bastante mejor que las del resto. Recuerdo una mujer que se tiró de un octavo piso, y aquí no paraba de gritar, hubo que saltarse el protocolo. Otro hombre, que murió de trece puñaladas, intentó matarme, bastante penoso.
El hombre frente a Seth, no contestó.
- Se lo explicaré brevemente Richard, determinadas personas, al morir, digamos que no mueren sin más, sino que les trae aquí para hacerles un pequeño "exámen", -al escritor no le gustó como Seth dijo exámen-, esto no es el purgatorio, ni el cielo, ni el infierno, ni ninguna de esas estupideces que le gusta inventarse a la gente. Y obviamente yo no soy esa fantasía llamada dios. Le haré una pregunta Richard, la contestará, y luego abrirá el sobre. Sino quiere puede decir simplemente no, y le dejaré morir en paz.
La tentación de decir no, fue ligeramente superada por la necesidad de saber cuál era esa pregunta... sólo ligeramente.
- Haga la estúpida pregunta, y no me llame Richard, llámeme...
- ¡Cállese!, no lo diga. No sea imbécil. Conteste, ¿cree que su vida es desgraciada y esa sensación jamás desaparecerá?
El escritor pensó en la respuesta, como también había pensado en la pregunta.
- Si lo creo, aunque no del todo, a veces hay matices que me hacen tener esperanza, otras veces no. Por eso me encerré en la cabaña, supongo que ya lo sabrá.
- Abra el sobre. -Seth se levantó-.
- Espere, ¿a dónde va?.
- He terminado aquí. -Se escuchó detrás de la puerta otra vez el bip-bip... bip... bip-bip-bip y ésta se abrió pesadamente, Seth desapareció tras ella-.
El escritor estaba solo otra vez, sentía ganas de llorar, pero no lo hizo. Cogió el sobre, era de piel, efectivamente como él pensaba. No estaba cerrado, sólo la solapa doblada. Dentro había una tarjeta blanca, con una frase: "El destino de aquellos que desprecian su existencia, es condernarse a la soledad". Ni bien terminó de leer, sintió un golpe de viento, no es facil de explicar, es un golpe como la sensación de caer al agua, cuando el líquido te sostiene y te atrapa, pero sólo que no había agua, no habia nada. El escritor cerró los ojos y cuando los abrío estaba frente a un ordenador, no tenía la cabeza vendada, ni sentía dolor alguno. Frente a él había un documento abierto, allí estaba escrito todo. May 18
Lévantate...
...despierta...
...no puedo moverme...
...el dolor...
Siento el viento en mi rostro, siento dolor. Este dolor se mueve en oleadas... se va... y vuelve con más fuerza, son latidos de dolor; a veces se sincronizan con mi corazón, otras veces no se detienen.
Sé que tengo que abrir los ojos, pero no puedo. No recuerdo bien lo que pasó. Recuerdo que la puerta de mi cabaña se vino abajo y recibí el tablón que la atrancaba en mi rostro. Estuve inconsciente bastante tiempo... seguro. Dolor... No lo recuerdo. Me cuesta pensar con claridad, el cerebro intenta ordenar los pensamientos y crear un plan a seguir. Posiblemente haya entrado alguien en la cabaña, o los que fueran que derribaron la puerta y hayan venido a robar. Me creerán muerto... Es mejor así, pero no se que van a robar aquí, ya sabéis lo que hay, escasas pertenencias además de mi sufrimiento.
Tengo que abrir los ojos. Sé que estoy tumbado en el suelo, de costado, uno de mis pies toca una pared que creo que es la del sofá. Intento mover los brazos, el izquierdo me duele, creo que caí sobre él, pero la cabeza me duele aún más. Tengo la parte de la cara que recibió el golpe contra el suelo, creo que la sangre se ha secado y se me ha pegado contra la madera. Apoyo la mano derecha en el suelo e intento levantar el cuerpo, efectivamente parte de la cara se pegó al suelo. Trato de mover la cabeza y el dolor aumenta bastante más de lo que puedo soportar. Grito en la cabaña.
He conseguido abrir los ojos, el derecho por lo menos, el izquierdo no está bien, es la parte dónde recibí el golpe. Pero de poco me ha servido, o me he quedado ciego o es completamente de noche, espero que sea la segunda opción.
Estoy pasando la mano derecha sobre mi rostro, con suavidad, está grotescamente hinchado, tengo un bulto en el pómulo, y su forma no es muy normal, puede que me haya roto algún hueso, pero no lo sé, no soy médico. Intento pasar la mano entre mi cara y el suelo, al despegar un poco siento ardor, y la mano se me moja con un líquido caliente. Creo que no estoy muy bien, puede que muera en cualquier momento y no me estoy dando cuenta.
Creo que ha pasado mucho tiempo ya, no puedo calcularlo. Estuve prestando atención para ver si oía a alguien, pero fue en vano, sólo se oye el viento. No pensé en pedir ayuda o gritar más de lo que lo hice antes, porque tal vez quienes entraron vuelvan para terminar el trabajo. He estado pensando en que sino me levanto del suelo ya, me moriré aquí desangrado, tengo que arrancar mi cara del suelo pero no sé como hacerlo, si lo hago rápido puedo hacerme daño, y si lo hago despacio me dolerá más.
Muevo las piernas hacia los lados, pero sólo toco una pared con la izquierda y con la derecha nada. Mi cabaña no es tan grande debería tocar alguna puerta o la chimenea... o el sofá. Tal vez no esté en mi cabaña, pero sí, huele como mi cabaña, a madera mojada y a lluvia. Aún siento el viento en la cara, de modo que debo estar cerca de la puerta pero no lo sé exactamente.
Se acabó, he decidido levantarme de golpe, si acabo peor ya dará igual. Sólo he apoyado la mano derecha en el suelo, el brazo izquierdo no responde bien a los movimientos. Tiraré hacia arriba y hacia atrás, para ponerme de pie. No contaré... bueno sí... uno... dos... tres!
He sentido un terrible desgarrón en la cara, es peor, lo he oido. Siento la sangre que me recorre el cuello y baja por el hombro y el brazo. Acabo de darme cuenta que estoy gritando, camino tambaléandome buscando un apoyo, la chimenea o algo, la puerta a mi habitación. Estoy desorientado, voy a tientas con la mano derecha extendida, aunque no veo absolutamente nada, puntos luminosos bailan en mi visión. Como sabréis, si os pasado, eso indica que uno se va a desmayar en poco más de un minuto. Mi mano roza algo, no puedo aguantar mucho más, es una tela, parece una cortina gruesa, me estoy mareando más. Hay algo bajo la cortina, no es una cortina, es una figura cubierta con esa tela, lo que está debajo es... parece una persona. Comprendí dos cosas antes de desmayarme, la primera fue el miedo, estoy seguro que en quien me apoyé era la figura con la túnica que trajo el sobre a mi cabaña. La segunda, fue sentir sus brazos cogiéndome cuando caía de bruces. April 15
Monólogos desde el Infierno II, ¿verdad?... sí, es cierto. ¿Qué vamos a escribir aquí? o ¿de qué vamos a hablar hoy?, que queda mucho más ameno, más cercano al lector. Pues hoy hablaremos, brevemente como es habitual, de la gente que es feliz sin comprender lo que eso significa, mejor dicho de la gente que cree que es feliz.
Primero, en mi opinión, como este es mi blog, diré que nadie puede ser feliz de verdad si la vida no le ha dado alguna vez una ostia y le ha tirado al suelo, porque una persona a la que le ha ido absolutamente todo bien en la vida, y le ha salido todo como ha querido no sabe lo que es vivir. Segundo, uno tampoco puede ser feliz sino sabe realmente lo que necesita para serlo, y os aseguro que sólo es una cosa, sabréis a lo que me refiero, sino es el caso, tal vez os lo diga luego.
Dividiremos a la gente en cuatro grupos:
El Grupo 1, la gente que es feliz de verdad, que es excesivamente poca, es gente que ha conseguido lo que se ha propuesto en la vida, le ha costado, y generalmente sus bienes materiales son los justos y necesarios, nada de estar forrado (que si habéis tenido ocasión de comprobarlo, la gente que esta forrada, o es drogadicta o está mal de la olla, o tiene variopintos problemas sociales).
El Grupo 2, la gente que es "feliz" pero no sabe lo que significa eso, en apariencia carecen de preocupaciones, y se la pasan de fiesta, borrachos, drogados, divirtiéndose y como no... suspendiendo. Si les preguntas "¿eres feliz chaval?", te dirán "¿qué dices tío?, "¿ein?", "estas colgao tronco", "¿a qué te meto una ossstia?" y cosas por el estilo. Este es por defecto el grupo más numeroso.
En el Grupo 3, está la gente que aparenta felicidad cuando está con otras personas, pero luego cuando está sola, es gente desgraciada y triste, sin razón aparente o con razón. Es gente generalmente tímida, y con pocas relaciones sociales. Es un grupo también minoritario.
Y finalmente el Grupo 4, es el grupo de la gente que no es feliz abosutamente, sino que es feliz a secas, sabiendo afrontar su vida, no haciéndose demasiados problemas, pero teniendo siempre presente que algo le falta para ser feliz de verdad. Ya que conoce su objetivo en la vida, y se la toma en serio, no como un río de situaciones sin trascendencia. Este es el segundo grupo más grande.
Después de esta gran animalada, una sandez como otra cualquiera desde el infierno, os invito a poner vuestro grupo, salvo los del Grupo 2 que entenderán esto como una ofensa o simplemente no lo entenderán, ya que carecen del raciocinio necesario. Gracias y hasta pronto. Por cierto, como podréis deducir o no, pertenezco al Grupo 4. April 10
¿Por qué estoy aquí?. Estoy aquí porque el Destino quiso que así fuera. El dolor me desgarró... no había escapatoria, dejé que me llevara, me arrastró a un abismo insondable de depresión. Me sentí morir. Creo que morí.
Hola,
Te escribo para que entiendas porque termina esto. No es por ti, es por muchas cosas que se fueron juntando y al final hubo que terminarlo. No quiero que te sientas culpable por ello, son cosas que pasan, todos los días. Quiero que sepas que lo pasé muy bien contigo y siempre te recordaré.
Basura. Luego sabes que es basura, basura falsa, palabras vacías, mentiras crueles. Hubo un día en que cada palabra era un mundo nuevo, ahora esta carta es... una mierda. No sé porque la conservo aún, no se porque tengo esa diosa en mi cabeza, por lo menos sé ya que no eres tú, es la diosa que siempre llevé conmigo y aún busco.
Esta noche no dormí, leí la carta, la dejé en la mesita, junto a la vela consumida... y no dormí. Me quedé despierto mirando el techo, escuchando los sonidos del bosque, sabiendo porque se producían todos y cada uno de ellos. Algunas veces pensé en la figura que me visitó, otras en ti; la mayoría en nada.
Ahora el sol ilumina estas palabras, estoy sentado junto a la chimenea, escribiendo en la mesa plástica. Si escribes muy fuerte o muy rápido la mesa tiembla un poco, no se diseñó para esto. La cuestión es que la velocidad de escritura no se puede controlar, a veces las ideas te arrastran, otras veces te abandonan y das golpecitos con el boli en el papel, o lo muerdes. Escribo porque sé que por lo menos tú lo leerás, fiel lector; aunque mi vida ya esté condenada de antemano. La botella de whisky ya no tiene zumo, se me ha acabado... me siento bastante triste por ello. Por cierto, hoy busqué la copa otra vez, recorrí un poco los alrededores internándome en el bosque, para ver si encontraba a alguien, o veía la copa tirada; no pasó ninguna de las dos cosas.
Llevo unos minutos de pie delante del sillón, contemplo el sobre negro. El sobre está con la abertura hacia abajo, y como era de esperar no aparece ningún destinatario en la cara que estoy viendo. Desde aquí no parece de papel, parece de tela, de seda... no lo pienso tocar.
Observo el crepúsculo por la ventana, la que está en la pared dónde está el sillón. Veo una rama cerca de la ventana, seguramente es la que raspaba el cristal la otra vez. Soy muy consciente del silencio que reina, hace mucho que no hablo, quiero decir, que no oigo mi voz. La última vez que recuerdo haber hablado es cuando le grité a la figura de mi cabaña. Es bastante extraño. El silencio a veces, tiene muchas facetas, puede ser de calma, de tensión, de soledad, de dolor... de dolor... el silencio duele.
De repente siento un gran golpe en la puerta, ahogo un grito y me giro justo para ver temblar el tablón que la mantiene cerrada. Enseguida otro golpe, tiemblan los cristales y mis escasos muebles, el tablón aguanta pero ya no parece tan seguro. Yo estoy petrificado, no sé que hacer. Otro golpe, parece más fuerte que los ateriores, se siente caer la tierra acumulada en las paredes y el techo, es más, es visible cayendo entre los escasos rayos de sol que aún entran por la ventana. Otro gran golpe me deja sordo y hace crujir la madera, se cae un segundo después mi botella de whisky y se hace añicos contra el suelo. Sólo estoy quieto, mirando, sigo sin saber que hacer. Los golpes se suceden, uno tras otro, a cada segundo pienso que el tablón cederá, no sé que pasa, imagino un toro enfurecido arremetiendo sin cesar, o un grupo de personas con un improvisado ariete de tronco de árbol intentando tirar abajo la puerta. Un gran golpe que hace temblar el suelo destroza la madera dónde se sujetan los tornillos que mantienen firmes las agarraderas metálicas del tablón, parece estallar en mil pedazos, la agarradera sale disparada, mis hojas escritas vuelan por los aires al venirse abajo la puerta. Veo el tablón volando hacia mi, siento un dolor inmenso en el lado derecho de mi rostro, un líquido oscuro baña mi visión y me siento desfallecer. April 01
Me despierto con un sobresalto. La habitación está oscura, no veo nada ya que no hay electricidad, sólo me valgo de la luz del día. No veo resplandor en la chimenea, al parecer se han consumido hasta las cenizas. Siento frío, mucho frío. Mis dientes casteñean en la oscuridad, cierro la boca con fuerza y me froto los brazos. Me levanto del sillón, me duelen las piernas, no sé cuanto tiempo estuve durmiendo, al parecer fue bastante, pero al no llevar reloj no puedo decíroslo exactamente. Camino hacia donde sé que está la chimenea, llevo los brazos cruzados sobre el pecho, no necesito usar las manos para ir a tientas porque me conozco la cabaña de memoria, cada centímetro, cada rincón. Hay una caja de cerillas sobre la chimenea, junto al sobre rosa, la cojo y la agito, algo suena dentro. La abro y sostengo en mi mano el frío metal de un mechero. Es uno de esos mecheros metálicos con tapa, de los que no se apagan con el viento y funcionan a bencina, conoceréis esa marca... pues el mío no es de esa. Abro la tapa y giro la rueda, un flash ilumina la habitación, cierro los ojos sin querer, aunque antes me parece ver una figura junto a la puerta. Me quedo pensando unos segundos... cavilando si sería una mala jugada de las sombras, al ser un flash tan rápido, puede ser probable. Vuelvo a poner el pulgar en la rueda y aprieto... otro fogonazo, la figura sigue al lado de la puerta, no ví su rostro, creo que no tenía.
Me tiembla la mano, se me cae el mechero. Voy caminando hacia atrás, hacia el sillón, el terror me incapacita ligeramente la libertad de movimiento, estoy por caer de rodillas. Siento un susurro, como si una tela pesada se arrastrara por el suelo, luego el silencio absoluto. Estoy sentado en el suelo como un niño, me tiembla ligeramente el cuerpo, levanto la cabeza y grito: - ¡¿Quién coño está ahí?!-. No hay respuesta.
Creo que al final he enloquecido, llevo años sólo en esta cabaña, y en algún momento tendría que pasar, es normal. Aún sigo sentado en el suelo, temblando... no sé si de miedo o de frío. Después de llevarlo pensando un rato, decido estirar la mano hacia dónde creo que cayó el mechero, lo hago con una lentitud extrema, y con el oído tan agudizado por el miedo y la oscuridad que tengo que hacer un esfuerzo por discernir los ruidos de mi cabaña de los del bosque de fuera. Cada vez que una hoja roza la madera, detengo mi mano. Esperando siempre que algo me la corte en el camino al mechero, la oscuridad es absoluta. Al fin con un escalofrío rozo el frío metal, me llevo el mechero al regazo y lo agito, abro la tapa y lo enciendo. Esta vez permanece encendido. A primera vista, la cabaña está vacía. Me levanto del suelo y me acerco a la puerta. Hay un tablón de roble horizontal que la mantiene bien cerrada, se romperían antes las paredes. El tablón está en su sitio, nadie ha entrado por allí. Me giro y casi se me vuelve a caer el mechero al ver algo negro en el sofá. A decir verdad no asusta, ya que es un sobre, un sobre negro. Pero no tengo idea de como ha llegado allí, se que no estuve solo hace un momento, pero no me interesa pensar en ello.
Más o menos frente a la chimenea hay una puerta que conduce a mi habitación, y en esta última hay otra puerta que va al cuarto de baño. Allí estoy yo. El mechero sobre el lavabo. Estoy mirando mi rostro fantasmal en el espejo, resisto la tentación de mirar detrás de mi hombro, y alejo el pensamiento de que alguien aparecerá por detrás y me cortará el cuello. Después de refrescarme la cara, me siento mejor. Me siento estúpido por tener miedo, pero la figura que estaba en mi cabaña no entró de manera normal, además tengo el sobre como prueba de ello... estaba allí... junto a la puerta.
En mi habitación cojo un abrigo, y tres velas. Enciendo una y la dejo sobre la mesita que está al lado de la cama. Otra encima de la chimenea. La tercera la coloco dentro de una antigua lámpara de cristal que descansa junto a la chimenea y la dejo sobre la mesita de plástico, dónde reposan estas palabras. Me acerco a la puerta y la desatranco, dejó el tablón en el suelo, cojo la lámpara y abro la puerta. Fuera hace frío, aunque no mucho más que en mi cabaña. Me encuentro con el coche desvencijado, al que no le dedico ni una mirada. La luz de la lámpara juega con las sombras de los árboles, es realmente macabro, pero estoy acostumbrado, aunque hoy da más miedo. Rodeo la cabaña por la derecha y encuentro un montón de troncos mal colocados, recojo unos cuantos y me marcho.
Estoy sentado en mi silla de camping. Tengo un bolígrafo en la mano. Me pregunto como el simple encuentro con otro ente alejó tan rápida y bruscamente mi mente de ti. Es triste... debería haberlo descubierto antes, pero la verdad es que no se me dan bien estas cosas. Disfruto del calor de la chimenea, todo ha vuelto a su sitio... salvo el puñetero sobre negro que descansa en el sillón. Me bastaría con tirarlo, pero esas cosas no se pueden ni tocar. Mierda... que estupidez.
Estoy cabreado, no todo ha vuelto a su sitio, mi copa ha desaparecido, la dejé a la derecha del sillón antes de dormirme, y ya no está. Se me ocurre que quien vino hoy la intercambió por el sobre, pero me parece tan idiota... no vino a robar. En realidad no vino a nada, en realidad no vino nadie... pero el sobre... la copa. Os prometo que la he buscado, la busqué por toda la maldita cabaña, por fuera también, pero sólo falta eso, tengo todo contado, todo controlado. Me falta la copa. Bebo zumo de la botella, pero no es lo mismo, es vulgar. Me llevaré cuando vaya a dormir tu sobre a la cama, es lo único que me queda, el sobre rosa me hará recordar porque estoy aquí.
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